Significado del 28 de Julio

LA TRANSCENDENCIA DEL 28 DE JULIO

 

El 28 de julio de 1778 supuso un antes y un después en la configuración territorial de la Cantabria moderna. Se puede afirmar que es el punto de inflexión en el proceso de integración de todas las jurisdicciones cántabras en un único cuerpo administrativo, resultando además  la muestra inequívoca de la voluntad de los cántabros por ser precisamente eso y no otra cosa. Puente San Miguel supone, un antes y un después en la historia de Cantabria.

Un antes porque culmina un proceso de siglos. En la Alta Edad Media, el territorio cántabro estaba organizado desde el particular derecho de behetría, lo que dio pie a multitud de jurisdicciones, casi todas ellas de realengo -dependientes del rey-.

A lo largo de los siglos XIV y XV las presiones señoriales trataron de revertir esa relación  para convertirla en solariega -dependientes de los señores-. Ese conflicto generó numerosos pleitos y, en ocasiones, episodios violentos. Las sentencias favorables a las jurisdicciones y, por tanto, a los usos y costumbres del país, animarían a estas a colaborar estrechamente entre ellas. Fruto de esos pleitos y de esa colaboración, se creó la Provincia de los Nueve Valles de las Asturias de Santillana. Durante siglos aunó voluntades entre territorios etnográficamente homogéneos pero jurisdiccionalmente independientes, adquiriendo una fortaleza que será, precisamente, la que la permita liderar la defensa de los derechos históricos cuando las reformas borbónicas planteen su eliminación. Otros territorios y jurisdicciones lo intentarían, pero solo la de los Nueve Valles será la que plantee un proyecto creíble e integrador desde la perspectiva de aquellos tiempos: la Provincia de Cantabria.

Y la configuración de esa Provincia, como anunciábamos, también supone un después porque aunque los acontecimientos posteriores y la implantación definitiva de las reformas liberales impedirían que cumpliese los fines para los que se creó, la Provincia de Cantabria abrió el camino definitivo a la integración territorial de las jurisdicciones cántabras bajo un nombre representativo, reconocido y muy significativo: Cantabria.  Efectivamente, en Puente San Miguel se produjo el intento más serio de superar el atomizado marco administrativo de la Cantabria medieval desde la reclamación de lo propio y desde los propios Valles y Concejos, no por mandato superior y externo.

Las Ordenanzas de Cantabria suponen la reivindicación de esos valores, de los privilegios de las élites rurales en un contexto de superación del Antiguo Régimen,  cierto es, pero también la voluntad inequívoca de crear un entramado administrativo y unas estructuras de autogobierno que aglutinasen a todas las jurisdicciones que se situaban entre el Principado de Asturias y el Señorío de Vizcaya.  Esa es la verdadera trascendencia de los acontecimientos de Puente San Miguel, la plasmación de ser y querer ser cántabros,  la articulación de una organización jurídica que permita ser precisamente cántabros; y además, con una declarada vocación de aunar a todas las jurisdicciones de aquel espacio, lo que además ayudará a perfilar el perímetro definitivo de Cantabria.

A partir de Puente San Miguel, en cualquier escenario de articulación territorial sucedido en España, esa voluntad de unión basada, no lo olvidemos, en una unidad cultural común, siempre estará presente. Ya sea desde los intentos de perpetuar el Antiguo Régimen como desde las reformas liberales, a la postre triunfantes, el territorio situado entre Asturias y Vizcaya vertebrará una unidad administrativa. Y desde ella, se afrontarán todos los intentos regionalizadores posteriores, incluido el actual marco autonómico.